MARCELA MASCOTENA

DERECHO de FAMILIA
Jurisprudencia, Doctrina y Modelos de Escritos

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Doctrina, Convivencia-concubinato  2016-03-17

[Doctrina] El concubinato en el nuevo Código Civil y Comercial(*) Autor/es: Por Chiappini, Julio. ED, [260] - (04/11/2014, nro 13.602) 1 “¡Salió la nueva ley!”

[Doctrina] El concubinato en el nuevo Código Civil y Comercial(*) Autor/es: Por Chiappini, Julio. ED, [260] - (04/11/2014, nro 13.602) 1 “¡Salió la nueva ley!” Así voceaban, y de nuestra parte recuerdos en conserva, vendedores ocasionales en la calle Florida en los años cincuenta y sesenta. Ofrecían folletos con flamantes leyes que interesaban a más de un viandante. Florida, como seguramente también ahora, hacía honor a su nombre: negocios, gentes paseanderas, instituciones. Pululaba la llamada “burguesía”, palabra que para algunos significa un lecho de rosas y para otros resulta algo detestable. Lo cierto es que ahora se sancionó el nuevo ordenamiento civil y comercial. Título ambicioso pues no abarca ni el uno por mil del derecho mercantil. Pero no son tiempos para los escrupulosos. Y cierto también que culminó así un terso thriller legislativo. Digamos: un culebrón. Y reconozco que pensé que el proyecto quedaría en aguas de borrajas. Esto, se me ocurre, acaso así sea, pues acaso también la nueva composición del Congreso de la Nación tras el 10 de diciembre de 2015 derogue la reforma hecha ahora un tanto entre gallos y medianoche, ya que en las sociedades en las que regentea el “todo pasa”, pasa de todo. En fin, no nos adelantemos. Posiblemente las crónicas, e incluso la historia, jueguen con dados invisibles. Sí parece al caso el dictamen de von Bismarck: “Hay dos cosas que el pueblo jamás debe saber: cómo se hacen las salchichas y cómo se hacen las leyes”. 2 El concubinato Según la semántica castiza, el concubinato es la “relación marital de un hombre con una mujer sin estar casados”. A diferencia de los amantes, que pueden vivir cada uno por su lado y en general así sucede, en el concubinato hay cohabitación. Se comparten el techo y el lecho(1). El término hombre, por hiperonimia, comprende a la mujer. No así, naturalmente, varón. La palabra concubinato, y como ciertos diccionarios no lo ignoran, participa de la etimología de concúbito. Es, como vimos, la vida conyugal entre varón y mujer, sin estar casados entre sí(2). Alguna antañona doctrina, con demasiados pruritos, además exigía que ambos concubinos poseyeran aptitud nupcial. En el antiguo derecho español se hablaba de barraganía o amancebamiento. En la Edad media la barraganía era frecuente y no se abominaba demasiado. Las Partidas así exigían que la mujer no fuese “juglaresca, tabernera, regatera o de otra clase reputada por vil”. Eran los modales de entonces. Tampoco podía ser “virgen, ni menor de doce años, ni viuda honesta”. Los varones, no obstante, carecían de “piedra libre”, pues les era inviable una manceba si eran eclesiásticos o casados, o si se trataba de mujeres con las que les unía cierto parentesco. Cuando se cometía el delito de adulterio, correspondiente a nuestro art. 118 del cód. penal derogado por la ley 24.453, la mujer era nombrada manceba. Lo que se mantiene en nuestra legislación es que el concubinato es agravante en los delitos de corrupción (art. 125, cód. penal) y prostitución (art. 125 bis). 3 El auge de estas uniones de hecho La proliferación de los concubinatos, “vivir en pareja”, generó que las leyes, la jurisprudencia y la doctrina debieran expandirse en procura de solucionar los distintos problemas que se les presentaban. Hoy los concubinatos superan largamente en número a los casamientos. Lo mismo los hijos extramatrimoniales a los matrimoniales. Para quienes reprueban las uniones de hecho, cuanto más se las legisle, más se debilitan el matrimonio (justae nuptiae) y la familia que denominan “tradicional”. En el trance, las leyes deben luchar contra las realidades malignas, por ejemplo, contra la delincuencia, pero no contra este otro tipo de realidades como el concubinato. Sí conviene reglamentarlo, no dejarlo librado a la jurisprudencia o a las versiones de la doctrina. Con la competencia de omitir argumentos religiosos, Guillermo A. Borda es uno de los tantos detractores del concubinato y con cierta vehemencia dictamina: “El concubinato es a veces el resultado del egoísmo de quienes no desean contraer lazos permanentes y así quedar en libertad de cambiar de compañero; otras, de que alguno está legalmente impedido de casarse; otras, finalmente, de la ignorancia o corrupción moral del medio en que viven. Desde el punto de vista sociológico es un hecho grave, en razón de la libertad sin límites que confiere a los concubinos una situación fuera del derecho. Esta libertad extrema es incompatible con la seguridad y solidez de la familia que crean. Es contraria al verdadero interés de los mismos compañeros, pues la debilidad del vínculo permite romperlo con facilidad cuando la pobreza o las enfermedades hacen más necesario el sostén económico y espiritual. Es contraria al interés de los hijos, que corren el riesgo de ser abandonados material